lunes, 28 de enero de 2013

Vaivén de olas


Me he perdido
sólo para encontrarme,
para aprender a amar
y acompañar al espirítu en  viaje.

Si fueras real me darías tu mano,
Si me hubieses oído
habrías bajado del Olimpo,
me  hubieses cobijado
una vez más, como en mis oraciones,
como el Omnipotente que dicen eres.

¿Por qué no me sostuviste al caer?
¿Por qué me llenaste de miedos y culpas?




Camas de verde
mecen mis pieles,
mientras camino en laberintos
rodeada de muertos
que tu hijo no  volverá a levantar.





¡Zeus!


te ahogo en preguntas
que no responderás.
¡Te clamo  pidiendo devuelvas
la alegría que se fue al despertar!

El pecho contrito,
la sangre congelada
que deja de circular
Me dice que nada va a lugar:
No hay guerras que batallar,
ni trincheras donde me pueda cobijar.
Bajo mi bandera
esperando la bala certera
rompa mi cabeza
y arranque del cementerio de vivos que me rodea.

El infierno en cuatro paredes
- todas ellas verdes-
protege de la realidad;
la mente cegada
por  culpas ajenas
que atormentan al doliente.
 

Y esa voz que nunca se escucha,
pero que retumba en mi mente
me hace creer lo insignificante 
que es mi vida por no tenerte.
Y ese colosal animal,
que sólo ha de saber dañar
caerá al barranco de sus culpas y miedos
donde se ha de enterrar y olvidar.
Ni la soledad le acompañará.
 

El tiempo rápido retrocede
y llega al diciembre:
pavos desabridos, abrazos fríos;
el llanto contenido, regalos mal abiertos
mientras el alma grita en silencio.
Escucha lo que dice el silencio: No estamos solos.

La madre tierra se abre,
un bulto cae,
gira alrededor de sí mismo
de su eje ya intervenido.
Heridas que se desangran,
de las que emanan lágrimas,
de las que el alma botó la dicha y la esperanza.

Ruego por mentiras
 que  hagan sentir que todo vale la pena
¡arráncame la culpa que siento cuando lo veo llorar
en sueños!
De lejos fui testigo del rostro caído,
esquivé su mirada,
quise abrazarlo,
decirle que todo lo malo iba a pasar.
Que el llanto no nos acompañaría más.


Con ropas de alegría me quise disfrazar
y de nombres que quise amar,

Vida de mi cuerpo,regocijo del alma
de esta podredumbre humana,
dime me esperarás mañana.
Dime harás florecer los otoños,
y volverás hacer de la vida un tesoro.

 
(Escrtito entre mayo y septiembre del 2012;
fueron frasecillas escritas sin sentido,
sin la idea de formar un texto,
al unirlas surgió esto).

[Leído por primera vez en la Escena III Dic 2012]

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