Fuiste el soplo de vida que Dios dio y quitó,
el llanto que nadie escuchó.
La noche que ninguna luna vio,
ni el ruido que se escucha a
medianoche de la puerta al abrir.
Fuiste el recuerdo que desapareció.
los versos que nadie redactó,
las palabras que nadie te enseñó.
La naturaleza decidió no mostrar el rostro
de quien amé sin conocer,
ahora navegas en tu barca con rumbo indefinido
esperando el día que la flota mayor llegue a ti,
ni antes ni después que el tiempo no podemos decidir.
Las palabras podrán dejarte ir,
mientras me balanceo entre la línea
que tú has de seguir.

