miércoles, 12 de octubre de 2011

Caballero Andante

  I

Quisiera arrancarme tu nombre de mi piel,
desollarme por completa,
y ver correr ríos rojos
hasta mis pies.

Quisiera arrancarme el corazón,
para no sentir su latir
ante el sonido de mis labios
cuando pienso en ti.

Quisiera arrancarme las entrañas,
ver mis visceras,
y con ellas armar una cuerda
en donde cuelgue mis emociones.

Quisiera tener cerca tus labios,
sentir que anhelan los mios,
para perderme
en tus fluídos.

Quisiera no tener piernas
para no poder acercarme a ti,
no caminar ante tu presencia
en el día que me dejaras ir.

Quisiera arrancarme los brazos,
para no tocarte,
que el tacto sea ciego
para no anhelarte.

Quisiera,
así como tu robas mis sueños,
yo hacer lo mismo en ellos.

      II

Sacarme los ojos
es poco,
al menos no te seguiría viendo,
pero serías nítido en mis pensamientos.

Me arranco el cerebro
para borrar la memoria,
olvidar tus besos, tus caricias
y esos falsos te quiero.

¡Cuán desgarrador
es este dolor que siento,
cuán cruel es querer
sin recibir un consuelo!

Me sueño entre tus brazos,
acariaciando tus cabellos,
besando tus ojos,
perdiendome en ellos.

Extraño al compañero,
al amigo, al amante.
Extraño a quien no me extraña
y menos piensa como antes.

Extraño el fuego
que ardía en mi pecho,
con sólo saber
rosaría su piel.

Extraño mi concentración,
compartir mis anhelos,
mis sueños,
por qué no, también miedos.

Si pudiera me arrastraría
como vívora en los suelos
con tal de que te devuelva
el fuego.

Mi llama se encendió,
la tuya murió,
y yo pierdo
como antes a quien quiero.

      III

Quisiera caer desde el cielo,
gritar improperios,
mirar con mis ojos la muerte
y en esa instancia por última vez verte.

Como quisiera dijieras:
 "lo siento,
te traté peor que un perro",
pero no creo ocurra ello.

Como quisiera decirte,
que yo por ti muero,
que mis venas fluyen
por tu veneno.

Como quisiera
que me dieras la oportunidad,
al menos intentar,
enmendar lo que hice mal.

Hay ratos que siento culpa
ante mi ceguera,
no darme cuenta
que el amor ya no valía la pena.

Como quisiera verte de nuevo,
tomar tu rostro,
ver tus ojos,
y esperar me digas te quiero.

           IV

Cómo tan errada he sido,
que no me di cuenta
que tu amor era frio.

Creí en el día,
en la fecha,
en tu falsa sonrisa,
y en las palabras rastreras.

Creí en tu abrazo fuerte
cuando abriste el portal,
cuando entre tus brazos me elevaste
y me besaste.

Creí en los planes
del día siguiente,
en tu sonrisa inocente,
creí.

¿Por qué mi caballero andante
tenías que hacer eso para matarme?,
¿Por qué no fuiste sincero
cuando me felicitaste por el tercero?

¿Por qué
tratarme como una desconocida,
si  tus labios
tanto decían me querían?

No sé que más me duele:
perderte caballero
o que hayas montado aquel juego.

Cuando llegaste
no tenías adarga encinto,
menos rocinante.

Ahora tu adarga
yace clavada en mi pecho,
mientras montas el rocín de hierro.